INVESTIGAN LAS FALLAS DE WHATSAPP

El día que todos extrañaron los audios de WhatsApp.

A media mañana de ayer, una falla global de Facebook, Instagram y el popular mensajero impidió enviar imágenes, videos y sonido; anoche el problema empezaba a solucionarse

Dos semanas después de que Facebook anunciara que lanzará su propia criptomoneda, llamada libra, junto con otras compañías, como Visa, PayPal y Uber, la red social sufrió un apagón que afectó el servicio de envío de mensajes de voz, particularmente sensible en el caso de WhatsApp, y de imágenes y videos, lo que volvió inservible a Instagram. Facebook, que es la dueña de Instagram y WhatsApp, también se vio afectada por la falla.

El apagón impactó de forma desigual a los tres servicios, muy probablemente porque su popularidad es diferente en cada región. WhatsApp, por ejemplo, fue muy golpeado en América Latina (en la Argentina se sintió fuerte) y Europa, mientras que Instagram fue alcanzado de manera más pareja en América del Norte, América del Sur y Europa. Por el número de problemas reportados por los usuarios, Instagram fue la más afectada, luego WhatsApp y por último Facebook.

El incidente se produce casi cuatro meses después de que los servicios de Facebook sufrieron la peor caída en su historia y estuvieron offline durante horas. Oficialmente, solo al día siguiente la compañía atribuyó el incidente a “un error en la configuración de un servidor que disparó una cascada de otros problemas”.

La falla de ayer se empezó a notar por la mañana en la Argentina y hacia el mediodía ya estaba en todos los portales y sitios de noticias. Facebook, cuyos voceros informaron que estaban investigando lo que había ocurrido, pero que estaban en condiciones de asegurar que no se trataba de un ataque de denegación de servicio distribuido (DDoS, por sus siglas en inglés). La mención de un posible DDoS no significaba que podría tratarse de otra clase de ataque. Más bien, con este mensaje Facebook quiere decir que no es vulnerable a los DDoS, actualmente la manera más difundida y efectiva de derribar sitios y servicios. En el incidente de marzo, el primer comunicado de la compañía había sido también que no se trataba de un ataque. Dado que 2300 millones de personas ponen buena parte de sus vidas solo en Facebook, el dato no es menor. Otros 1000 millones usan Instagram y 1500 millones, WhatsApp.

Ayer, cerca de las 17, un vocero de Facebook comunicó: “Durante una de nuestras operaciones de mantenimiento de rutina, se provocó una falla que está dificultando a algunas personas subir o enviar fotos y videos. Estamos trabajando para que las cosas vuelvan a la normalidad lo más rápido posible y nos disculpamos por cualquier inconveniente”. Fue lo mismo que publicaron en la cuenta oficial de la red social en Twitter.

El incidente de ayer, como el de marzo, volvió a poner sobre la mesa un número de cuestiones. Primero, la marcada dependencia que una parte sustancial del mundo industrializado tiene de estas plataformas. Si bien ayer era posible enviar texto por WhatsApp, muchas actividades (algunas, comerciales) que requieren de audio, imagen y video quedaron fuera de juego. La falla duró varias horas (mucho más de lo aceptable) y, anoche, ya comenzaba a solucionarse en algunos lugares.

Como ocurre con casi cualquier servicio complejo, los cortes acotados en tiempo y espacio son previsibles y mayormente inevitables. Pero al durar varias horas y al estar tan imbricados en nuestras tareas cotidianas, los daños causado por la caída de los servicios de internet son considerables.

Por dar un ejemplo histórico, en mayo de 2000 el gusano LoveLetter (un tipo de virus que se propaga por internet) dejó casi inservible el correo electrónico durante unos diez días. Sumó así daños por más de 20.000 millones de dólares, añadiendo la destrucción que causó y el costo de eliminarlo de las redes informáticas.

En segundo lugar, el incidente de ayer reaviva una cuestión que también afecta a otros servicios, como el de la electricidad, pero que es especialmente aguda en internet. La explicación que dio Facebook en marzo y la que ofreció ayer contienen poco y nada de sustancia. Esto se debe a dos cuestiones. En primer lugar, y como explicó ayer un vocero de la compañía , una red que procesa, solo por dar un ejemplo, 95 millones de fotos por día, como es el caso de Instagram, por fuerza es lo bastante compleja como para que la causa de un apagón no pueda aislarse en tiempo récord. Facebook suma medio millón de usuarios por día y se le da clic al botón Me gusta cuatro millones de veces por minuto. Es probable que lleve días saber qué ocurrió. Tal es la complejidad de estas redes que también es posible que la compañía ya conozca los motivos del apagón.

Pero también es cierto que cuando los incidentes pasan y volvemos a mandar audios por WhatsApp y subir fotos y videos a Instagram y Facebook, los apagones quedan en el olvido y ninguna entidad regulatoria les exige a las compañías involucradas -al revés de lo que ocurre con otros servicios, como la electricidad- una explicación exhaustiva de lo que causó la falla. El problema es que hoy una falla en estas plataformas, por su masividad, puede ser tan dañina como un corte en el suministro de electricidad.

Una vez que vuelven, nadie parece preocuparse de que “el error en la configuración de un servidor” o “una falla durante un mantenimiento de rutina” no explican nada. No es menos cierto que, si en algún momento se les exige una explicación más pormenorizada, hará falta cierta preparación en ingeniería para comprenderla. Pero esto no es un obstáculo cuando se le pide a una compañía de electricidad que dé cuenta de un apagón.

Es una versión 2.0 de la célebre frase “Se cayó el sistema” que daban bancos, entidades financieras, reparticiones del Estado y otros organismos cuando no podían brindar su servicio al público. Solo que ahora se cae el sistema y los afectados pueden ser millones, y que el apagón puede tener un alcance global.

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